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Las niñas que acuden a las colonias vacacionales aprenden a bailar música folklórica de cada pueblo.
Fundación ayuda a que con la práctica del arte y los deportes dejen actividades peligrosas.
Antecedentes La Fundación Juconi fue creada en 1995 como una organización de desarrollo social al servicio de las niñas y niños trabajadores de la calle.
Juconi es reconocida internacionalmente por organismos como la UNESCO, Save the Children, la Embajada Británica, etc., y a nivel local el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) le otorgó el Primer Premio a la mejor metodología que ahora aplica en su proyecto Rayuela.
Dos veces a la semana David Barreto, de 16 años, acude hasta la escuela Inés María Balda, ubicada en Fertisa, para apoyar en las colonias vacacionales que realiza de forma gratuita la fundación Junto Con los Niños (Juconi). Hace tres años él hacía malabares en los pasos cebras de las calles, por eso conoce los peligros que éstas conllevan, pero ahora él es uno de los voluntarios de los cursos vacacionales que ofrece dicha organización no gubernamental.
El adolescente ayuda en los talleres -de los que se benefician los niños que trabajan o trabajaban en las calles- y escucha los problemas de los menores de edad.
“Cuando mis padres se separaron, iba a las calles a trabajar y ese dinero que ganaba se lo daba a mi mamá para la comida, por eso conozco las necesidades de los niños que vienen hasta acá”, cuenta David.
Estos cursos vacacionales, que cumplieron cuatro años de ejecución, tienen como objetivo, como bien lo sabe David, impedir que los menores de edad retornen a vender caramelos en buses, limpiar parabrisas de carros y mendigar en las calles.
Merly López, coordinadora de la atención de la niñez trabajadora de Juconi, indica que desarrollan las colonias vacacionales justo en los sectores populares de Fertisa, Trinipuerto, Balerio Estacio y Nueva Prosperina, en donde se registra un alto índice de violencia intrafamiliar y trabajo infantil.
Este año participan alrededor de 400 niños y adolescentes en los cursos de ludoteca (estimulación temprana), taller de títeres, club de arte (realización de volcanes), danza (bailes folclóricos andinos y afro) y deportes.
“El objetivo es que el niño no trabaje y el tiempo que tiene libre lo destine a participar de estos espacios recreativos dentro de sus comunidades”, señala.
Los talleres que se ofrecen en los cuatro sectores urbano marginales del norte y sur de la ciudad están dirigidos a los niños y padres de familia que forman parte del proceso de inclusión terapéutico y educativo que desarrolla la organización para disminuir el trabajo infantil.
Mientras que las madres y las hijas adolescentes reciben el taller sobre el Buen Trato, en el cual psicólogas y orientadoras familiares ofrecen charlas sobre comunicación, valores, cómo mejorar la autoestima y disminuir el maltrato familiar.
“En el taller de buen trato, se intenta que la mayoría de las madres entiendan la etapa de la adolescencia que atraviesan sus hijas, edad en la cual se crean los conflictos internos”, manifiesta la coordinadora.
Daisy Sánchez, psicóloga clínica y encargada del taller del Buen Trato para padres, explica que desarrollan actividades para rescatar valores que se han perdido en las familias.
Las colonias vacacionales logran que los menores de edad desistan de ir a trabajar en las calles El trabajo de ella consiste en aconsejar a los padres para que comprendan el comportamiento de sus hijos, sobre todo el de los adolescentes. También dan consejos acerca de la forma correcta de entablar una conversación con sus vástagos y no incurrir en el error de ignorarlos o tratarlos mal y bajarles la autoestima.
“Los padres están de acuerdo con la iniciativa, a pesar de que algunos no están presentes por sus trabajos, pero mandan a sus hijos y eso es importante porque evitan que los chicos estén arriesgando sus vidas en las calles”, dice.
Sánchez detalla que luego de la teoría pasan a la práctica haciendo bisutería, momento en el cual todos los participantes trabajan en equipo e intercambian ideas para mejorar sus relaciones familiares.
Uno de los pocos adultos que se han unido a esas charlas es Estuardo Díaz, de 35 años y padre de cuatro hijos. Él muestra su satisfacción de cambiar su rutina de trabajo por la elaboración de bisutería que confecciona con sus hijos. Después de que culmine el taller quiere vender aretes, pulseras y collares.
“Las charlas son muy positivas porque nosotros desconocemos cómo tratar a nuestros hijos. Ahora sé cómo conversar con ellos y con mi esposa”, dice.
David Moncayo, coordinador de la colonia vacacional de Fertisa, afirma que han implementado la práctica del fútbol como deporte porque ayuda a los chicos a trabajar en equipo y a socializar con otros niños de su edad.
Además, han implementado una pequeña guardería, más conocida como el taller de ludoteca, en donde los niños de 1 a 3 años pintan, dibujan y reciben estimulación temprana de los educadores parvularios y psicólogos.
Para los niños que deseen desarrollar su creatividad está el club de arte, dirigido por dos extranjeros de la fundación The Charlotte Miller Art Proyect. Ambos dictan clases de pintura y modelado, ya que están vinculados al diseño gráfico.
400 niños, niñas y adolescentes vinculados al trabajo infantil participan de los cursos En este crearon volcanes de papel y cartón. Al finalizar el curso harán erupcionar un volcán para explicar lo que sucede en la naturaleza.
“Se intenta que los chicos se olviden de ir a trabajar a las calles y disfruten de sus vacaciones con actividades artísticas y deportivas”, señala Moncayo.
Una de las actividades más interesantes para las niñas es el taller de baile, en donde expertos en cultura afroecuatoriana y andina enseñan a valorar la música tradicional de cada pueblo.
Ahí estaba danzando el Ñuca Llacta (nuestra tierra), baile indígena para celebrar la cosecha, Briggitte Quintero, de 12 años, quien desde el 2006 limpiaba zapatos junto a sus primos en el centro.
Ella confiesa que le daba mucho miedo andar en las calles porque algunos niños desaparecían, pero era su única forma de llevar dinero a su casa y comer a pesar de que su madre decía que no lo hiciera. “Ya no me gusta estar en las calles, ahora me gusta ir a la escuela, he aprendido a tener amigos y me agrada la bisutería”, cuenta.
Merly López y David Moncayo indican que esos son los resultados que desean lograr con estas actividades que finalizarán el 26 de febrero con una casa abierta en la que se expondrán los trabajos realizados por los niños y sus padres.
Merly López Coordinadora del programa de Juconi
“El objetivo es que el niño no trabaje y el tiempo que tiene libre lo destine a participar de estos espacios recreativos”.
Briggitte Quintero Ex niña trabajadora
“Ya no me gusta estar en las calles, ahora me gusta ir a la escuela, he aprendido a tener amigos y me agrada la bisutería”.
Carta informativa de JUCONI
(Junto Con los Niños) nuestra fundación asociada en Ecuador enero 2010
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